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02 Jun 2014
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Viajar aprendiendo

Ahora que se acercan las vacaciones y la época de viajes os voy a enseñar un bonito deporte para que practiquéis: cuadernismo extreme.

La primera vez que viajé, lo hice sin moverme de casa de mis padres, tragándome las 400 diapositivas que trajo mi hermano de su visita a Roma y comentadas, encima, por él. Lo que pensé es que viajar era muy aburrido. Todo estaba lleno de piedras tiradas por el suelo, vaya usted a saber por quién. Más tarde, he viajado a muchos sitios pero nunca se me ha quitado ese horror por las fotos y los relatos familiares de viajes, no hasta que pude contar mi propia historia. La primera y única vez que he viajado a Israel fue de la mano de mi amigo y compañero de aventuras, Hanoch Piven, y fue también la primera vez que llevé uno de esos bonitos cuadernos de viaje forrado en cuero lleno de páginas en blanco. Un desafío que cambió mi vida y mi forma de dibujar.

Los viajes pueden ser muchos y variados, no hace falta hacer kilómetros para hacer uno, pueden ser mentales, familiares, viajes al pasado o al futuro. Cómo transformar los hechos para un lector que no sabemos quién será, cómo darle un poco de intriga y aventura a cualquier historia de nuestra vida. Quizás no nos damos cuenta pero, cada vez que contamos a alguien alguna cosa importante de nuestra historia, lo hacemos diferente: lo realzamos, quitamos y ponemos cosas, lo hacemos más humorístico o más serio según cómo sea nuestro auditorio. Un cuaderno de viaje es igual de divertido, no se trata de la lista de monumentos o museos que hemos visitado, se trata de algo que nos produce placer y que es un juego. Podemos contar con imágenes, con trozos de recuerdos, con dibujos, con los tickets de los sitios que hemos visitado, lo podemos hacer en mayestática (tercera persona), en relato íntimo (en primera), como una voz en off, podemos elegir un cuaderno repujado, la parte de atrás del calendario del año pasado o la libreta más barata del mercado. No importa. Lo que importará al final será el jugo que le saquemos a los materiales de los que se componen nuestras experiencias. Nadie saldrá más listo ni con un diploma pero están aseguradas las risas y unas pocas herramientas para mirar la vida de otra manera.

Desde aquí os animo a todos y a todas a que practiquéis el sano deporte de los cuadernos de viaje cuando cojáis la maleta y os trasladéis de ciudad o de país.

La imagen que veis forma parte del cuaderno de ese viaje iniciático a Israel, integrado en la familia de Hanoch, celebrando el Pesaj con sus tíos y familiares, visitando Jerusalén y comportándome como un turista un poco peculiar.

 

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Creatividad
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