Inicio > Los proyectos > La silla de los abrazos
09 May 2013
Compartir:

Autor/a:

La tienda de Adrián

Esta es la segunda entrega de mis vivencias como profesor en un colegio de Madrid, y de cómo descubro cada día que lo importante es que los niños desarrollen confianza en sí mismos. ¿Queréis saber cómo lo logramos?

Imagen de un alumno sentado en su pupitre

Pasada la primera semana de curso se incorporó un nuevo alumno, Adrián. Lo que más llamaba la atención de él era su aspecto amedrentado. Era normal, estaba en un nuevo colegio, con nuevos compañeros. Todos le recibimos con cariño, pero tras las primeras preguntas sus tímidas respuestas eran las mismas: la verdad era que no quería venir a este colegio.

Si se le preguntaba sobre alguna de las cuestiones que estábamos viendo en clase, se bloqueaba y al no poder contestar, se abrumaba. Era conmovedor. Yo le preguntaba:

- ¿Qué te pasa Adrián?

-Nadaaaa - Respondía con tono que expresaba las pocas ganas que tenía de participar. Realmente sí le pasaba algo, pero no era capaz de expresarlo, de nada valía insistir, con esa machaconería propia de los adultos que pretendemos que los niños racionalicen sentimientos que ellos mismo desconocen y no saben canalizar. Una mañana, ante su actitud huidiza, me dirigí a él diciéndole que no se preocupara. Pero de nada servían las palabras de consuelo, casi resultaban contraproducentes. De nuevo le pregunté:

-¿Qué te pasa Adrián?

-¡Jooooo! Nada.

- Si no me dices lo que te pasa no te puedo ayudar.

-No me pasa nada –dijo él con cierto tono de desesperación.

¡Qué impotencia por mi parte! Sabía que me decía la verdad, pero era su verdad, la del que desconoce lo que le pasa y por eso cree que no le pasa nada. Había que tratar de hacerle entender, pero ¿cómo lograrlo?

-No me digas que no te pasa nada, habla y verás cómo te podremos ayudar entre todos.

 Y entonces ocurrió algo. En su mirada apareció un brillo que fue ganando en intensidad, adquiriendo protagonismo en forma de lágrima contenida, hasta que ya no pudo más y resbaló por su mejilla, deslizándose con rapidez como si quisiera desaparecer con la misma presteza con que brotó para no ser testigo de la pena que le embargaba, y de pronto lo vi claro.

Les pedí a los demás que salieran del aula. Ya a solas, le pedí al niño que me ayudara, cogimos dos mesas y organizamos una especie de mostrador con objetos escolares: lápices, gomas, sacapuntas, cuadernos, libros…

Le dije que era su tienda y que cuando entraran los compañeros, tenía que atenderles y darles lo que le pidieran. Solamente tenía que preguntarles qué deseaban.

En la pizarra escribimos La tienda  de Adrián. Me reuní con los demás, mientras él esperaba. Les expliqué que íbamos a hacer un juego, que fueran entrando de uno en uno a  “la tienda”, que observaran todo lo que había expuesto, pero que no podían contestarle, solamente mirar y guardar silencio.

Todavía hoy me sorprendo de lo bien que llevaron a cabo el simulacro. Sin duda fue lo que más ayudó a Adrián, porque creo que comprendieron muy bien de lo que se trataba. Siguieron a la perfección mis indicaciones. Mientras, Adrián se desesperaba, porque no entendía la actitud de sus compañeros. Le pregunté cómo se sentía y me dijo “mal, porque no entendía lo que les pasaba, ni por qué habíamos montado una tienda si después se callaban”.

-¿No sabías qué querían?

- No, porque no hablaban.

Todo se puso a nuestro favor. Entonces le dije:

-Eso es lo que me pasa a mí: si no me dices  que te pasa, no te puedo ayudar, ninguno de nosotros te puede ayudar, aunque lo deseemos.

A partir de ese momento, Adrián despegó hacia el universo del aprendizaje y ya ningún día dejó de venir, feliz, al colegio. Su confianza creció, fue un compañero ejemplar y todos los días nos alegraba con su sonrisa y sus deseos de contestar y participar.

 

Fotografía cedida por Antoni Ferrándiz

 

Tags:
educación emocional
emociones


Compartir:

Comentarios

NOELIA PÉREZ NOELIA PÉREZ 05 Jun 2013 | responder
Comment: 

Ojalá todos los maestr@s dedicasen tiempo para solucionar también estos problemas tan importantes para el crecimiento de los niños