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15 Mar 2013
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¡Gracias, profesor Sami!

Todos hemos tenido una o más figuras importantes en nuestro camino de aprendizaje: a veces son mentores y otras veces son profesores, ¡o las dos cosas! Siguiendo la iniciativa de Miguel Gallardo, quisiera recordar a mi profesor Shmuel Samuel.

Fotografía en blanco y negro de Hanoch Piven durante su juventud, corriendo.

 

El único que "me vio" en mis años de Bachillerato fue nuestro profesor de Gimnasia, cuyo nombre era Shmuel Samuel, o como lo llamábamos todos: Sami.
 
Yo era un alumno bastante normal, que estudiaba principalmente asignaturas científicas, pero nadie se daba cuenta de lo que realmente me llamaba la atención. De mi interés por el dibujo y el arte nadie se percató demasiado, ni me ayudó a desarrollar esas habilidades, a pesar de que a más de un maestro al entrar en clase le esperaba sobre la pizarra una caricatura suya que había hecho yo.
 
A los 17 años se me ocurrió la idea de correr un maratón. Precisamente en aquél entonces, el jogging empezaba a estar de moda a finales de los años 70. Me compré la guía del corredor de jogging que escribió Robert Fix (el cual más tarde falleció de un ataque al corazón corriendo, pero esa es otra historia..). Correr se había vuelto mi vía de escape para todas las frustraciones de la adolescencia y Sami, que estaba atento, lo entendió enseguida.
 
Mientras otros me dijeron que era un loco, que era imposible correr un maratón de golpe a los 17 años y que era muy bajito, y un montón de cosas más, Sami me apoyó desde el primer momento, no sólo acompañándome durante mis 4 meses de entrenamiento sino que incluso consiguió que me dieran festivo en la escuela el día del ansiado maratón.
 
 
 
 
¡El maratón fue un desastre! Sufrí como un animal, y fue terrible…¡Pero lo acabé! A los 17 años uno no está para lujos.
 
Esa fue sin duda LA experiencia educativa más fuerte que viví en mi adolescencia y está claro que sin el apoyo de Sami, mi maestro, no lo hubiera logrado.
 
Con la confianza de haberme enfrentado a esa maratón seguí adelante en mi vida y me enfrenté a muchos otros retos. Desde las dificultades que pasé durante el servicio militar, hasta cuando me rechazaron en la escuela de arte, aprendí a superar todas las negativas y terminé por irme yo sólo a estudiar a Nueva York.
 
En cierto modo, lo más importante que aprendí en la escuela ni siquiera sucedió en la escuela, ni tuvo que ver con los estudios, pero si pasó gracias a un maestro que estuvo a mi lado. ¡Gracias, Sami!
 
 

 

Tags:
maestros
maratón
resiliencia


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