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25 Mar 2013
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Diálogos con maestros diferentes (I)

Me gustaría contaros la historia de un maestro diferente, Antonio Ferrándiz. Esta es la charla que mantuve con él, y que quiero compartir con todos vosotros.

Imagen del aula del profesor Antonio Ferrándiz en el colegio Cervantes

Hanoch Piven (HP): A los 46 años y tras una carrera de fotógrafo, de repente se te ocurre hacerte maestro. ¿Por qué hiciste ese cambio? ¿Hubo algún momento Eureka? ¿Habías pensado en ser educador antes? ¿De donde surge el interés?

Antonio Ferrándiz (A): Antes de ser maestro había sido fotógrafo, abarcando todas las facetas de este campo que se me pusieron por delante, fotografía social, fotografía publicitaria, industrial, y todo tipo de reportajes.

Una tarde mi hijo me dijo: "Papá ¿A ti no te habría gustado ser maestro?". Esta pregunta, sencilla y directa, me la hizo mientras merendábamos y repasábamos sus tareas escolares. Él tenía 13 años, yo acababa de cumplir los 46. 

Esta anécdota fue el punto de inflexión que finalmente hizo germinar una idea que llevaba tiempo gestándose, pero realmente ese momento ¡Eureka! tuvo lugar una mañana en concreto. Estaba en un colegio de Educación Infantil, y unos papás estaban muy interesados en hacer unas fotos a su hijo. Eran inmigrantes y querían mandarlas a su país, y casi habían perdido la esperanza de poder tener fotografías en condiciones del niño, porque no se estaba quieto. Entonces se me ocurrió guardar todo el equipo y esconderlo. Nos pusimos a jugar con el resto del grupo: uno de los juegos consistía en ir sacando de un baúl una serie de objetos mientras cada uno simulaba un personaje que hablaba y cobraba vida. Los niños y las niñas tiene un gran deseo de descubrimiento y antes de que yo sacara un nuevo objeto ellos ya querían sacar otro. Entonces eché mano de mi bolsa en la que ya antes había metido algún muñeco que ellos y ellas identificaron y fue saliendo la "cámara habladora", el flash que tenía una "luz mágica", y todos esos objetos adquirieron otra dimensión para el niño, que rápidamente los hizo suyos en el juego. Así, terminó aprentado el disparador, fue él quien hizo que saliera la luz mágica. En suma, él era un descubridor, un inventor, un creador, un valiente y hacerle las fotos fue ya muy sencillo. El niño aprendió muchas cosas, y las aprendió porque las descubrió por sí mismo, pero yo sin él saberlo también aprendí mucho, mucho más y eso es lo que me impulsó a querer ser maestro, seguir aprendiendo y seguir transmitiendo.

 

HP: De lejos nos parece que en la vida de un fotografo hay mucho glamour y en cambio, que la vida del maestro tal vez es más gris. ¿Qué opinas? ¿Son muy diferentes las dos profesiones?

Antonio Ferrándiz, maestro en Madrid.

A:  Yo te puedo decir que mi trabajo de fotógrafo ha sido un excelente camino para llegar a ser maestro partiendo de la base de que me he volcado en las dos profesiones. A través de la cámara aprendí a ahondar en mis retratos mucho más allá de la imagen de las personas. La cuestión es que fueron niños y niñas en edad escolar a los que más retraté, los que más me contaron sobre sus vidas y una parte importante de lo que me contaban transcurría en el colegio. Así que aprendí a escuchar, a entrever dónde estaban sus problemas, sus carencias, sus intereses... Me contaron infinidad de  anécdotas y también sus familias me revelaron sus inquietudes y sus anhelos.

Hice muchas fotos en colegios y de esta manera conocí a muchos maestros y maestras de muy diferentes ámbitos sociales, tanto económicos como culturales, y fue así como conocí de esta otra parte de la educación: la de los educadores y los enseñantes. Básicamente no he perdido nada que no tuviera antes, lo que ocurre es que ahora tengo más: la satisfacción de poder educar, de poder compartir momentos de vida, emociones y en esa implicación es desde la que yo al menos me proyecto para que los chicos y chicas aprendan más, o al menos con más ganas.

HP: En tu opinión, ¿cuáles son los problemas de la escuela actual?

A: Los chicos y chicas continuamente están dando muestras de agilidad, rapidez y reflejos. Todos sus actos son fruto de una obra de ingeniería mental en la que se ponen en movimiento muchos elementos, lo malo es que continuamente tienen que estar acatando órdenes y no a seguir sus sueños. No se les deja explayarse y al final lo que aprenden es que para progresar adecuadamente deben atender, no a sus propios estímulos o intereses, sino a lo que esperan de ellos los maestros y maestras. Los sistemas educativos propician fracturas entre escuela, familia y alumnado, y no siempre convergen los intereses de unos y otros. 

A los críos se les impone un temario, un itinerario fijado de antemano, sin preocuparnos mínimamente por conocer sus inquietudes. Los colegios priorizan los resultados en general y esto les aleja de los niños y niñas que tienen formas de aprender y concebir la realidad distintas a la que consideramos normal.

Así, el sistema los va orillando y los padres, que son impacientes, se meten en una competición social en la que creen que los resultados académicos son los que determinan la valía de sus hijos con respecto a los demás. Así es cómo se generan fracasos y poca tolerancia a la frustración de los mismos.

HP: Me imagino que en tu día a día debes enfrentarte a muchas frustraciones. ¿Cómo las trabajas?

A: Así es, no hay día en que no sienta algún tipo de frustración, y no es algo exagerado decirlo, ni tampoco me supone problema sentirlo y reconocerlo. Es más, es uno de mis principales elementos de motivación. Para mí la clave es aplicar la atención plena, la observación de esos pequeños detalles que manifiestan actitudes, no ya en el trato directo, sino en los aparentemente intrascendentes, porque son los que más delatan: la forma de saludar, la manera en que ese día, unos y otras, te dan la mano, cuando les pasas la mano por el hombro y sientes una reacción de atracción o de rechazo, el cuerpo habla, el tono de la voz expresa más que las propias palabras.

Siempre acudo al colegio atendiendo más a estas sensaciones acerca de los alumnos que a lo que vayamos a impartir sobre las diferentes asignaturas.

Los contenidos la verdad es que los aprenden prácticamente solos, y más fácilmente, cuando están motivados para ellos, cuando el principal estímulo se genera desde el interés por los estados anímicos de cada alumno y alumna. Al principio cuesta mucho y te exige esfuerzo y dedicación pero cuando te ganas esa confianza, resulta más fácil después transmitir los conocimientos, y cada cual lo hace desde su capacidad, sin competiciones.

HP: ¿Te sientes diferente en tu escuela?

A: Un poco. En mi escuela voy contracorriente y no quiere decir que tenga oposición o que me encuentre mal, todo lo contrario porque desde la dirección me dejan actuar con plena libertad de acción y eso es un auténtico tesoro, pero no ven claro que mi camino sea el más adecuado, a excepción, curiosamente de la directora del centro que sí que cree en mí al 100%.

HP: Y por último, ¿me cuentas lo que es "La silla de los abrazos" de tu aula?

A: "La silla de los abrazos" es un símbolo, es la sustitución de ese elemento intimidador del castigo o del "pensar o meditar" por un pequeño espacio en el que se recibe comprensión y cariño. Es un elemento en el que convergen emociones dentro de un espacio como el aula en el que pasamos muchas horas.

Su aplicación por supuesto depende de las etapas evolutivas, obviamente, pero en todas las épocas de nuestra vida estamos necesitados de un buen abrazo, de ese abrazo que nos da fuerza y seguridad, justamente lo que le hace falta al alumno para ganar en autoestima, solo es cuestión de gestionarlo. Te puedo decir que por nuestra silla se pasan otros maestros, padres, madres, es ya un motivo de comentario y hace gracia pero todo el mundo se sienta y se siente bien cuando lo prueba.

 

HP: Gracias por tu inspiración y por esta charla. La verdad es que tu "silla de los abrazos" me ha recordado a la "Máquina de los Abrazos" que inventó Temple Grandin. Ha sido un placer. Te mando un abrazo digital :)

 

Tags:
máquina de los abrazos
educación emocional
Antonio Ferrándiz


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