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15 Jan 2014
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La Perla Mexicana

A finales de noviembre tuve el gran placer de realizar un taller en La Perla Mexicana (http://www.centroaccion.org/), un centro de tratamiento y rehabilitación de adicciones para mujeres en el distrito Iztapalapa de Mexico D.F. Allí conviven mujeres entre 16 y 30-40 años por unos meses con la esperanza de volver a construir sus vidas al salir. Muchas de ellas son madres de hijos de los cuales están separadas temporalmente.

© Hanoch Piven

Un grupo de 15 chicas entusiasmadas y curiosas crearon sus auto-retratos utilizando objetos llenos de contenidos y emociones. 

Al terminar el proceso de creación cada una compartió brevemente con nosotros su creación y luego en el transcurso de la semana las chicas siguieron analizando sus creaciones con las psicólogas del centro. El optimismo y el amor a la vida que se reflejaron en los auto-retratos nos hicieron sentir muy bien a todos los presentes y reflejaron nuevamente la idea tan simple de que una persona, al crear arte, se conecta a sus fuerzas positivas, y saca lo mejor de sí misma.

Pero el aspecto educativo especial para mí de este taller fue mi grupo de asistentes: 7 chicas jóvenes de entre 17 y 18 años, todas alumnas de colegios privados de la ciudad, que vinieron como voluntarias y por primera vez visitaban ese barrio de la ciudad tan diferente al suyo. 

El optimismo y el amor a la vida que se reflejaron en los auto-retratos nos hicieron sentir muy bien a todos los presentes y reflejaron nuevamente la idea tan simple de que una persona, al crear arte, se conecta a sus fuerzas positivas, y saca lo mejor de si misma.

En el camino al taller se pudieron oír en la furgoneta algunos pequeños temores y preocupaciones sobre lo que iba a ocurrir. Miedos que desaparecieron al llegar a La Perla Mexicana y al ponerse las chicas a organizar los materiales y las mesas. La conexión entre esos dos grupos de mujeres jóvenes, que viven vidas tan alejadas a pesar de estar a tan solo 30 minutos de distancia fue inmediata, emotiva y llena de un cariño excepcional. Algunas de las visitantes ayudaron con las necesidades técnicas mientras que otras se mezclaron en el grupo y crearon su propio auto-retrato.

Fue un placer ver los pequeños grupitos que se fueron formando y las conversaciones que se desarrollaron.

Al subir a la furgoneta, y antes de volver a 'su mundo seguro' les pregunté al grupo de asistentes: "¿Quién quiere volver aquí?" y todas al unísono gritaron: "¡¡YO!!"

La oportunidad de que compartieran un espacio dos grupos tan heteregéneos de mujeres jóvenes fue una experiencia inolvidable para todas y todos. Asomarse a otras realidades es siempre un acto enriquecedor. Y quizás lo más importante, resultó ser mucho más simple y fácil de lo que nadie se podría haber imaginado de antemano.

Aqui va un albúm de fotos del taller.

Tags:
Creatividad
Arte
educación


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