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10 Apr 2014
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Autor/a:
Antonio Ferrándiz

Sombras en el aula

En general, la implicación emocional genera bastante resquemor en los colegios. Cierto es que desgasta bastante, pero mayores son los réditos que proporciona, extraordinariamente positivos. Y no solo en los momentos de puro aprendizaje, sino también en el compromiso y la entrega, el verdadero caballo de batalla en las aulas.

No soy, ni mucho menos, partidario de los castigos. No los entiendo ni los comparto, aunque sé perfectamente que tampoco esto es compartido por la mayoría de los docentes. No es mi misión castigar, porque al fin y al cabo, el castigo, en realidad, solo es la manifestación de nuestra incapacidad para encontrar otros recursos de entendimiento.

...el castigo, en realidad, solo es la manifestación de nuestra incapacidad para encontrar otros recursos de entendimiento.

Uno de mis principales objetivos es convencer a mis alumnos y alumnas de lo importante que es aprender. Trato de demostrárselo y recurro a ejemplos simples y reconocibles, como recordar la sonrisa de un niño ante sus primeros aprendizajes y su deseo de repetir esas hazañas con el “yo solito”. Y a ellos mismos, con pruebas sencillas o realizando actividades con retos ampliamente conseguibles, para que sientan y manifiesten la alegría de lograrlo. Y sobre todo, y más importante, que sientan la satisfacción de haberlo intentado. 

Si no aman lo que deseamos que aprendan, no puede haber placer en aprenderlo, y tal aprendizaje nunca puede ser significativo.

Si no aman lo que deseamos que aprendan, no puede haber placer en aprenderlo, y tal aprendizaje nunca puede ser significativo. Si no hay reprimenda o coacción, sino comprensión y respeto a la decisión del alumno -o a su limitación por conseguirlo- ganaremos su confianza como personas. Y precisamente esa es la cuestión que me preocupa: a veces tengo la impresión de que no parecen personas sino sombras, porque nos empeñamos en desnaturalizarlas y a no tratarlas como tales.

Sombras, por ejemplo, que transitan continuamente en el orden de una fila, que han de levantar la mano para hablar, que han de pedir permiso prácticamente para todo: para ir al servicio, para preguntar, para ir a sacar punta al lápiz,... Sombras que han de mantenerse sujetas al espacio de una silla y una mesa o que deambulan por los espacios del colegio siempre con el temor a ser reprendidos por cualquier cosa, muchas veces verdaderas tonterías. Una situación que difícilmente toleraríamos como adultos, y si lo hiciéramos, seguramente sería por la obligación que impone un trabajo y un salario, pero en ningún caso nos haría felices.

El aprendizaje debe moverse por otros canales de comunicación.

Hay curiosas paradojas que, aunque me hagan gracia, no son sino síntomas de cómo quedan establecidas las relaciones. Una de ellas: cuando se refieren a mí llamándome "profe", yo me dirijo a ellos con un "¡dime alumno!". Esto les desestructura, y cuando les explicas que es reciprocidad de trato, les cuesta reaccionar porque no asimilan que los dos tengamos un nombre. Les parece una confianza excesiva llamarte por tu nombre de pila. Otro ejemplo: no entienden que les pidas permiso para ir al servicio, porque eres el profe y se supone que, como tal, no tienes porqué hacerlo. Por no decir ya sobre imponer el mutuo trato del “usted”.

En una ocasión, hablando con una alumna, se acercó un profesor para comentarme no sé qué “importante asunto”, interrumpiendo la conversación, dando por sentado que al ser profes, había preferencia de trato y la alumna debía esperar. No lo consentí y le pedí al compañero que esperara a que acabara mi conversación con esta alumna. Ni lo entendió ni le gustó, pero a mí alumna sí, porque comprendió lo que ella significaba para mí. A ese tipo de acciones me refiero, para que dejen de ser sombras.

Tags:
educación
pedagogía
Educación en valores


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Comentarios

Hanoch Piven Hanoch Piven 16 Apr 2014 | responder
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Muy lindo y valiente, Antonio. Espero que ese otro profe lo entendió al final.

manuelmandieta71 manuelmandieta71 19 Apr 2014 | responder
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Me encantó tu artículo. Sobre todo en estos día en que aún continúan algunas prácticas autoritarias en las instituciones educativas (por lo menos en Argentina). He recibido caras feas de mis colegas cuando les digo que la ira de un alumno o el mal trato es el reflejo de lo que hacemos los adultos. (habrá casos en que la psiquis se ve afectada y escapa de un buen o mal ejemplo) Coincido en el respeto, el amor, la igualdad desde nuestras diferencias.