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05 Oct 2016
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Autor/a:
Antonio Ferrándiz

Ciudadanos y ciudadanas del mundo

A veces, al reflexionar en alto sobre el panorama educativo puede parecer que esas impresiones están impregnadas de una percepción negativa y efectivamente es así, y lo curioso es que uno no se siente identificado con semejante sentimiento porque cree en otro tipo de educación, pero la triste realidad se impone, bueno nos la imponen.

Hemos convertido las escuelas en lugares de conflicto, propiciados por los mismos sistemas que pretenden evitarlos o erradicarlos porque lo que impera es la ley del exhaustivo establecimiento de normas, donde continuamente se penaliza su infringimiento.

Se les obliga a un sinfín de tareas que están muy alejadas de sus intereses reales y a ello colaboran (...) profesores y familias, ejerciendo una presión que impide a chicos y chicas aprender con ganas.

Un sistema en el que al mismo tiempo se reparten premios y castigos que solo hacen favorecer una competitividad absurda porque, entre otras cosas, desgraciadamente, los alumnos y alumnas no salen del mismo punto de partida, que no debería ser otro que el de poder expresarse y manifestarse de acuerdo a su incipiente personalidad y que en esos primeros años se alimenta de la curiosidad y las ganas de descubrir, conceptos que poco a poco se van castrando en la mente del alumnado, entre otras cosas cuando se les genera un constante sentimiento de fracaso ante la incomprensión de tantos conocimientos a los que no les ven ni pies ni cabeza.

Se les obliga a un sinfín de tareas que están muy alejadas de sus intereses reales y a ello colaboran, en un maridaje infernal, profesores y familias, ejerciendo una presión que impide a chicos y chicas aprender con ganas.

Y todo eso, fatalmente, sucede en un momento clave de sus vidas, cuando están luchando con el conflicto interno de sus preadolescencias o adolescencias, que tienen que ver con su identificación sexual, con el aprendizaje a relacionarse con los otros, consigo mismos y con el mundo en general, y sobre todo, con adquirir confianza en ellos mismos.

En las escuelas, por mucho que se crea lo contrario, no se favorece un clima de convivencia porque, generalmente, la responsabilidad del alumnado con respecto a esa comunidad de la que forma parte, no se incentiva fomentando valores que tengan que ver con sus propias percepciones, sino que se les impone, y al hablarles sobre la necesidad de ser responsables se les suele plantear como algo que les supone una renuncia y escasas veces como algo que potencia sus deseos de colaborar por objetivos comunes, porque igualmente todo objetivo es siempre impuesto.

Ayudémosles simplemente a ser personas, a ser ellas mismas, a ser ciudadanas y ciudadanos del mundo.

En las escuelas nos hemos acostumbrado a celebrar un buen números de “Días de…” . En muchos casos, de dedican a cuestiones que  deberían ser inherentes al día a día. Todo ello parece que nos libera, como si fueran ceremonias o rituales, de esos fantasmas que generamos nosotros mismos ante el “no reconocimiento” de que algo no funciona. No siempre es cosa de los demás agentes educativos, sino que los maestros y maestras, el profesorado, sí que somos responsables de primera mano de una formación que debería ir más allá de crear seres productivos para una sociedad que nos exprime y raramente nos permite ser felices si no es a base de consumir de todo. De todo,  menos de la satisfacción de creer en nuestros propios sueños, porque también estos se erradican en las escuelas, salvo que sea con eso de “¿Y tú de mayor qué quieres ser?”. Ayudémosles simplemente a ser personas, a ser ellas mismas, a ser ciudadanas y ciudadanos del mundo.

Tags:
valores
ciudadanía
educación emocional


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Comentarios

Verónica Pagazaurtundua Verónica Pagazaurtundua 08 Jun 2014 | responder
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¡Completamente de acuerdo con todas tus reivindicaciones!. Que no decaiga nuestra actitud hacia una nueva educación. Por cierto, enhorabuena por las ilustraciones, la primera me suena de algo.....Un abrazo.

Pierre-Antoine Pierre-Antoine 02 Oct 2016 | responder
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Leyendo el blog del Antonio, puedo entender mejor lo que significa la innovación educativa. En un libro reciente, solo publicado en francés de momento, la maestra Céline Alvarez nos cuenta su trabajo experimental en una clase de parvulario durante 3 años y como pudo demostrar que la atención personalizada podía con las desigualdades educativas, que el cariño y la escucha podían con el fracaso escolar, que la creatividad y la cercania podían con la agresividad y la violencia. Este libro "les lois naturelles de l'enfant" (las leyes naturales del niño) nos recuerda que el metodo de Maria Montessori sigue siendo a la vanguardia de la innovación educativa. Vale la pena reflexionar juntos sobre el valor del sentido común que tanto Antonio como Céline intentan promover a nuestras aulas. Un sentido común muchas veces las reformas educativas y los expertos desconocen o menosprecian.